CONTROVERSIAS
En 1988, se realizó una prueba considerada clave: un trozo de la sábana fue analizado mediante el proceso del Carbono 14, para datar la antigüedad del lienzo y por tanto su edad.
El carbono que se encuentra en la atmósfera, se incorpora a las plantas (en este caso el lino) en la misma proporción; y al morir, el organismo tarda unos 5730 años en perder la mitad de los átomos de Carbono 14. Midiendo la cantidad de carbono residual que aún posee, se calcula la fecha en que fue recolectado el lino.
El fragmento de la sábana y otros dos más, introducidos en cilindros de acero, fueron sometidos a este análisis en tres laboratorios de Tucson, Oxford y Zurich. Existía un protocolo normativo para el procedimiento.
Inesperadamente, se introdujo otra muestra a último momento, del siglo Xlll, coincidiendo con la fecha que luego sería atribuida al lienzo. Y así comenzó el Operativo Carbono 14
Meses antes del veredicto oficial (13/10/88), filtraron a la prensa la noticia que luego recorrió el mundo entero: ‘el Sudario es una falsificación de la Edad Media´.
Violaron la imparcialidad protocolar acordada, reuniéndose en Suiza representantes de los tres laboratorios; no permitiendo que otros investigadores participaran en la fiscalización y seguimiento de la datación; dando entrevistas y explotando comercialmente el hecho con un libro (El Sudario desenmascarado); no dando a conocer la lectura instrumental de los análisis, sino una escueta información de cuatro páginas en la revista Nature ; negándose a concurrir a debates abiertos con especialistas. Pero lo más notorio es que sus conclusiones contradecían arbitrariamente afirmaciones paralelas en sentido contrario del orbe científico internacional.
Ya Willard Frank Libby, premio Nobel de Química, padre del sistema de datación con Carbono 14, había adelantado que los resultados serían falsos, porque la tela contenía impurezas (hongos, bacterias y micropartículas) y esta carga biológica incidía en un 10 % del peso total, y como consecuencia alteraba el contenido real de carbono; por lo tanto, modificaba el resultado de la medición dando una fecha errónea.

Asimismo, la humareda del incendio de 1532 penetró en la urna en que estaba guardado y aumentó el contenido carbónico del lienzo, provocando la misma anomalía mencionada en el párrafo anterior.
Dimitri Kouznetsov (Director del Laboratorio Sedov, de Moscú), reprodujo el escenario de ese incendio: datando una tela con Carbono 14 antes y después del incidente reproducido en el laboratorio, la diferencia de edad del mismo objeto oscilaba en… mil años.
En 1989, en el Simposio de París, un panel de científicos ya había denunciado las impericias de 1988 cometidas por los laboratorios de Tucson, Oxford y Zurich, invalidando sus dudosas conclusiones que no resistían las contrapruebas de todas las demás disciplinas.
Resumiendo: la imagen no era una pintura medieval (esto fue absolutamente descartado) y la edad atribuida a la tela (1260/1390) no era sólo improbable sino indemostrable científicamente.
Como corolario, en 1993 el profesor Garza-Valdés (Universidad de San Antonio, Texas) confirmará el hallazgo de una capa bacteriana entre las fibras de lino de la sábana, lo cual indicaba claramente que las impurezas no fueron barridas y entonces el famoso Operativo Carbono 14 , utilizado para demostrar “la mayor falsificación de la historia”, quedaba reducido a un triste papelón académico montado sobre un cerco mediático conducido ideológicamente.
Tal es así, que el propio Harry Gove, que inventó y recomendó la técnica del Carbono 14 utilizada por los tres laboratorios mencionados, admitió que la misma carecía de sustento en vista a las “pruebas consistentes” de Garza-Valdés.
También Michael Tite, del British Museum, coordinador de las pruebas con Carbono 14 de 1988, se disculpó en una carta enviada al profesor Gonella el 14 de setiembre de 1989, reconociendo que detrás del concepto de “falsificación” con respecto “al resultado de la datación del Sudario de Turín”, existió una “deliberada intención de engañar”. Ahora ya sabemos…
En las Actas del Congreso Científico Internacional de Roma (1993), quedaba reconocido formalmente con carácter de “status científico” , que el objeto estudiado durante cien años es realmente el “auténtico Sudario que amortajara el cadáver de Jesús de Nazaret” (A.Upinsky, Director del Congreso). Lo cual una vez más, fue ratificado en Orvieto por treinta y nueve científicos católicos, judíos, protestantes, ortodoxos y agnósticos en el Congreso Internacional Síndone 2000.